Indolente.
El destino me tomó en sus manos y me apretó contra ti con todas sus fuerzas.
Inexorable.
Con el tiempo, el roce cercano, encendió la chispa y el afecto se hizo llama.
Hipnótica.
El efecto calor nos arropó varios inviernos, luego se difuminó echando humo.
Naturalmente.
Resguardadas por la memoria, resisten las brasas como eternas aspirantes a fuego, negándose a ser cenizas.
Inextinguibles.
Al final, soy el recuerdo insistente de una piedra destinada a tropezarse contigo para siempre.
Magnética.

